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- La grande arnaque (estafa).

De tanto oír hablar últimamente sobre la crisis financiera, descalabro de mercados, falta de liquidez y cosas por el estilo, no me he podido reprimir y he consultado en libros de texto que tenía casi olvidados (Introducción a la Economía, Micro y Macro) conceptos básicos..

Sin extenderme, me llama la atención una de los resúmenes en uno de los capítulos referentes al dinero:

- El dinero se define como la suma del efectivo en manos del público más los depósitos bancarios. Los diferentes tipos de estos últimos, en función de su mayor o menor grado de liquidez, permiten hablar de distintos agregados monetarios.

El detonador de la crisis financiera global que vivimos, según mayoría de “expertos” (que se pronuncian, evidentemente, a “tiro pasado”) ha sido un instrumento financiero llamado dinero virtual, que penetró subrepticiamente por todos los poros del sistema financiero mediante lo que llamaremos genéricamente “derivados”.

Hoy nadie sabe qué cantidad de derivados ha sido emitida y puesta en circulación. Según “expertos”, el mercado mundial de los derivados ronda los 600 billones de dólares (por decir alguna cifra, se supone).
El año pasado, todo el PIB mundial fue diez veces menor situándose en $58 billones. Se estima que el PIB de los países de la UE alcanzará el presente año unos $19 billones, y el de EEUU, algo más de $14 billones.

La “cuenta de la vieja” lo dice claro (de una forma extremadamente simplista). A partir de 1 € “real”, se generaron 9 “papelitos” (derivados, para ser más finos) que se han “vendido” a una gran parte de los “ahorradores” a nivel mundial, obteniendo euros “reales” (por “papelitos”).

El dinero no es como la energía, “que no se crea ni se destruye sino que solamente se transforma”, pero sí podemos darle una cierta similitud diciendo que “el dinero creado no se destruye, sino que solamente cambia de manos..”

Esto es exactamente lo que ha ocurrido. Buena parte de todo el dinero mundial creado por actividades productivas durante los últimos años ha ido a parar a manos de los “espabilaos” que han organizado el “cotarro” (o que se han apuntado a él después de que la desmesurada y cegada avaricia de algunos elementos del sistema financiero internacional desencadenaran el proceso..).

Ahora, se pedirá un esfuerzo suplementario a todos los verdaderos creadores de dinero para poder hacer “desaparecer los papelitos” (al menos una buena parte de ellos) y a esperar tranquilamente x años hasta que se pueda repetir la jugada..

¡Salud y suerte en las inversiones!


El dinero

Fajos de dólaresEl dinero, el valor de los bienes y mercancías, la reserva federal y los bancos centrales…

Según todas las evidencias, sólo existen tres formas conocidas de dinero: dinero metálico-metal, es decir oro y otros metales nobles puros con un valor intrínseco real, dinero metálico constituido por piezas a las que las autoridades emisoras atribuyen un valor que lleva impreso y papel moneda de curso obligatorio con un respaldo inequívoco; en épocas anteriores por una determinada cantidad de oro y luego por ser una obligación contraída por los estados.

“Habilitados” por constituciones y leyes, los gobiernos y/o bancos centrales pueden crear dinero; lo que no pueden es crear riqueza. La paradoja convierte en irracional el sistema monetario internacional regido por la Reserva Federal de los Estados Unidos y otra media docena de bancos centrales.

En magnificas historias, los niños se familiarizan con el drama del avaro que, en el desierto, sentado sobre un baúl de dinero clama por un sorbo de agua. La anécdota recuerda que el dinero sólo sirve cuando puede comprar algo que ha sido previamente producido y prueba la tesis sostenida, entre otros por Carl Menger, economista liberal que, como Marx, atendió a los factores subjetivos presentes en el comportamiento económico: “El dinero -afirmó- no es una cantidad que pueda generarse a partir de la nada, sino una cualidad que el mercado descubre en los bienes…”

Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx, liberales los dos primeros y comunista el tercero, aunque con matices y formulaciones personales, coincidieron en que el valor no es un don natural de las cosas, sino que es una cualidad que el trabajo o la fuerza del trabajo incorpora a las mercancías y/o a los servicios, sin que sea de una vez y para siempre, sino en las sucesivas fases del proceso de producción, intercambio y consumo. En sentido estricto: “El valor de las mercancías se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas”.

Con dinero se adquiere fuerza de trabajo, materias primas y medios de producción para, en concordancia con las necesidades y las demandas, a su vez sesgadas por multitud de factores materiales y culturales, producir bienes. No es la cantidad de dinero lo que determina las necesidades, sino a la inversa. Los bienes existentes determinan la cantidad de dinero que necesita la sociedad para hacerlos circular. El problema radica en que ninguna sociedad, excepto la de consumo, produce cosas que no necesita y a precios que la gente no puede pagar.

Los dólares creados por un cartel de bancos privados llamado Reserva Federal, que no están respaldados por ninguna cantidad de oro o plata, no son obligaciones del Estado norteamericano; son como un estado de ánimo. Esa levedad y ausencia total de garantías es lo que hace que un suceso no económico como el ataque a las Torres Gemelas, un comentario de alcoba de Alan Greenspan o un exabrupto de George W. Bush, estremezca las bolsas y haga que enormes masas de dinero cambien de mano, e incluso se esfumen. La humanidad no puede vivir eternamente bajo la incertidumbre de esa ruleta rusa ni la economía mundial puede ser eficiente con esas bases.

Para los clásicos de la economía, la cantidad de dinero que la sociedad necesita se relaciona con sus necesidades, o lo que es lo mismo, con el valor de las mercancías y los servicios necesarios para satisfacerlas; fenómeno que espontáneamente se asocia con las capacidades de producción para crearlas. Cada vez que una mercancía es consumida es un valor que desaparece, sin que ocurra lo mismo con los billetes con los cuales se pagó. Cuando se trata de carne o bananas no hay problema, porque ni en los peores ejemplos se trata de consumos irracionales, cosa que no ocurre con los misiles, las bombas y las guerras.

En esencia, mientras circule en cantidades asociadas a las necesidades reales y racionales, reflejo de los valores creados, no importa si el dinero es de metal o de papel. Los problemas comienzan cuando el sistema pierde racionalidad y, para atender necesidades superfluas o absurdas, como por ejemplo el gasto militar, los excesos burocráticos, la publicidad y la represión, entre otros,  emite exorbitantes cantidades de dinero creado de la nada y que es tan superfluo como las necesidades que intenta satisfacer.

Fuente (base): Jorge Gómez Barata / RIA Novosti / 23-04.08